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lunes, 4 de abril de 2016

La polarización de la literatura. Comercial vs Nicho

La generación Hipster parece ser crítica a la fuerza con todo lo que es comercial. Prefieren sentirse parte de una intelectualidad selecta al recitar nombres de autores centro europeos que nadie conoce para darse el pisto, pero si hablas de autores que una persona media conozca te dirán. "oh... pero eso es taaaaan Mainstream" Y es que si es comercial es sinónimo de que se ha vendido en un proceso claro de ganar dinero prostituyendo el mensaje de su obra en pos de lo que le gusta a la mayoría.

Desde aquí quiero rebelarme contra el espíritu Hipster que hoy en día es dueño y señor de la literatura.

Cada vez que aparece un nuevo arte, todos los demás cambian, por el simple hecho de que lo nuevo que aporta ese nuevo arte, pasa a ser algo reseñable, por lo cual la esencia del anterior debe ser repasada y rediseñada. Esto ha empujado a la pintura a una vanguardia (en ocasiones decadente) llena de pretendida inmodestia intelectual, de complejos y vacíos simbolismos que pretenden colarnos como la esencia de la nueva generación de la pintura y de críticos pedantes que hablan de un lienzo en blanco con una raya roja como una solitaria y conmovedora muestra de los delirios de nuestra sociedad.

La literatura ha puesto a prueba sus bases con la llegada del cine, de los videojuegos, del comic... en definitiva, hemos analizado mil veces que la hace única frente a estas otras y desde luego, la literatura te ofrece unas posibilidades inexplorables para cualquier otro arte (hablar de sentimientos durante las escenas, ver desde el punto de vista de un protagonista, describir de forma mucho más libre...) Sin embargo el número de lectores a cada revisión de la base (cada aparición de un nuevo arte de contar historias) se ha ido reduciendo y ahora está en una situación crítica.

Esto ha hecho que la comunidad de lectores haya sido invadida por un movimiento pseudointelectual que ha conseguido que el mercado se polarice de una forma impresionante.

Por un lado, las editoriales han encontrado la gallina de los huevos de oro. La literatura juvenil que finge ser adulta y que ahora mismo se mueve hacia lo romántico y empalagoso domina el panorama internacional con historia mas bien vacías pero atractivas. Al ser la literatura hoy en día un terreno de intelectuales más que de lectores al uso, los jóvenes son un mercado interesante que está siendo sobreexplotado.

Por otro lado los libros que fingen decir algo inteligente, que se disfrazan con prepotencia de un comentario crítico a través de un pedante ambiente y una recreación excesiva sobre el estilo, han ganado la batalla del prestigio y dicen ser los únicos que preservan la esencia de la literatura.

Estas dos realidades opuestas compiten de forma exclusiva en el panorama literario. Si una obra triunfa, su autor acaba siendo considerado comercial y de esta manera acaba vendiéndose a un público que solo le pide Fan Services carentes de un sentido artístico. Si por el contrario un autor no arranca, acaba rodeándose de elementos demasiado extraños y acaba convirtiendo su estilo, su obra y su personalidad como autor, en un chiste sobre el Indie de los más bohemios.

La realidad es esta y por mucho que nos cueste asumirlo, la literatura está cada vez avanzando más hacia uno de esos dos polos, olvidándose de los que nos encontramos en medio. De los que disfrutamos con una buena historia, que nos haga pensar, con los que disfrutamos de los matices de calidad y el sentido artístico, pero que al mismo tiempo no queremos tener que leer todo James Joyce para poder compararlo y no necesitamos conocer el estilo propio del neo-romanticismo sueco. Solo somos gente normal que quiere utilizar un arte tan noble como la literatura para leer conceptos que trasciendan a nosotros mismos pero a través de una buena historia.

Por supuesto me refiero a los que nos enamoramos de la literatura gracias a escritores como Orson Scott Card, George Orwell, J.K.Rowling, George R R Martin,. Y en general todos los escritores antes eran de este estilo, contaban cosas a través de sus historias, pero mantenían un equilibrio, no era contar por contar y por eso la literatura era más que arte. Porque el arte es transmitir algo, un concepto, una idea, un sentimiento... pero la literatura es transmitir arte a través de historias.

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